Lucien Gourdal
2026-05-29

Lucien Gourdal procede de un pequeño pueblo del suroeste de Francia, a las afueras de Hossegor, una zona más conocida por sus olas que por su hormigón, pero que también presume de una escena skate muy potente y con muchísimo talento. Su trayectoria comenzó muy pronto, siguiendo los pasos de su hermano sobre la tabla. Tras destacar rápidamente en las competiciones francesas y, más tarde, europeas, alrededor de los 16 años decidió alejarse de los campeonatos y centrar su atención en la calle, dejando atrás la presión de la competición para centrarse en su propia progresión y en disfrutar del proceso. Y es precisamente ese proceso el que ha definido al skater que es hoy. Mientras muchos de sus contemporáneos se centran en publicar clips para las redes sociales, Lucien dedica tiempo y esfuerzo a proyectos de vídeo más elaborados, como Taking the Plunge. Además, su debilidad por los spots de gran envergadura, que le valió la portada de Free Skate Magazine el año pasado, apunta a un futuro prometedor para este héroe discreto y talento silencioso del suroeste de Francia.
Háblanos un poco de ti.
¿Quién soy? Buena pregunta… Me llamo Lucien Gourdal, tengo 19 años, soy de un pequeño pueblo llamado Tosse, en el suroeste de Francia, muy cerca de Hossegor, y hago skate.
Háblanos de tu trayectoria en el skate.
Empecé a patinar con 6 o 7 años porque mi hermano hacía skate y yo quería hacer todo lo que hacía él. Daba igual si era fútbol, tenis o cualquier otra cosa, siempre intentaba seguir sus pasos. Uno de mis primeros recuerdos es en La Barre, en Anglet, patinando, o al menos intentándolo. Me veo encima de una tabla con un casco rojo. Ahí fue donde empezó todo. Desde entonces, no dejé de patinar ni un solo día, dentro y fuera del colegio. Todos mis amigos hacían skate. Empecé a participar en pequeñas competiciones en Biarritz y Hossegor y, poco a poco, la cosa fue creciendo, quizá incluso más de la cuenta, hasta llegar a competir por toda Europa. Supongo que aquella etapa me ayudó a desarrollar la constancia y la confianza que tengo hoy, aunque con el tiempo las competiciones dejaron de interesarme. No me hacían especialmente feliz ni me parecían tan divertidas. Había mucha presión.
Estuve compitiendo durante un par de años, hasta que lo dejé con 16 o 17. Hace algo más de un año, Sam Partaix empezó a mandarme zapatillas y ahora estoy encantadísimo de formar parte del equipo de Vans. Hace unas semanas hice mi primer viaje con la marca, en Alicante, junto a gente como Willow, Chris, Axel, Alexey, Notis y otros skaters del equipo. Fue una locura, de esas experiencias que llevas soñando desde pequeño. Siempre me ha tirado más el skate de calle, salir a descubrir sitios nuevos y viajar para patinar, así que estoy muy contento de que mi camino vaya ahora por ahí.
Describe la escena local.
La verdad es que la zona es mucho más conocida por el surf y hay mucha más gente metida en ese mundo, pero también tengo un grupo de amigos que vive el skate a tope. Hace unos años compramos una cámara y empezamos a grabar con la cuadrilla, sin ninguna pretensión, simplemente por pasarlo bien y documentar nuestras sesiones. Al final, aquel vídeo acabó publicándose en Bubble Skate Mag. Por aquí hay muchísimo nivel y un montón de gente que patina increíble, y eso, sin duda, te empuja a mejorar. Aunque cada vez es más complicado juntar a toda la banda. Aaron Penna, Lukas Larrue y Noé Balsamo forman parte de ese grupo, pero entre los que se han mudado a París y los que no paran de viajar, ya no es tan fácil coincidir como antes. Yo también solía ir mucho a Burdeos. Al final, por esta zona hay un montón de ciudades y lugares buenísimos para hacer skate.
¿Nos puedes contar algo sobre tu portada para Free Skate Mag en Burdeos?
Sí, con Clément Le Gall. Le dije que quería intentar un truco en un borde enorme y bastante mítico de Mériadeck, en Burdeos. Me preguntó si ya lo había visto antes porque impone muchísimo. Yo le respondí: «Sí, sí, lo he visto. Creo que puedo hacerlo», pero la verdad es que nunca lo había visto en persona. Cuando llegamos allí me entró el miedo de golpe. Además, era la primera vez que trabajaba con Clément, así que sentía que tenía que salir sí o sí. Había muchísima presión. Por suerte, todo salió bien y aquí sigo para contarlo. Fue mi primera foto con Clément, mi primera foto para Free Skate Mag y acabó siendo la portada. No podría estar más contento.
¿Eso cambió tu forma de enfrentarte a los sitios donde haces skate?
Sin duda. Estaba muerto de miedo y pensaba que podía acabar dándome una buena leche, pero al mismo tiempo me encantó esa sensación. Era la primera vez que hacía skate en algo tan grande y, en cuanto lo hice, pensé: «Necesito más de esto». Desde entonces, son ese tipo de spots los que más me motivan. Cuanto más grandes, mejor. Es lo que me hace sentir vivo.
Háblanos de tu vídeo más reciente, Taking the Plunge.
Empecé a grabarlo con Thomas Courteille, de París, y al principio no tenía intención de hacer un vídeo. Simplemente estábamos acumulando clips porque sí. En un momento dado, Thomas me dijo: «¿Y si grabamos algo?», y me pareció buena idea. A partir de ahí empecé a ir más a menudo a París para grabar, además de viajar un par de veces a Estados Unidos, incluido Sacramento, donde Pizza me ayudó muchísimo con este proyecto. Grabamos allí, en París y por toda la región de Las Landas durante aproximadamente un año y medio. Nos lo curramos de verdad.
A diferencia de muchos de tus compañeros, que publican contenido casi al instante en redes sociales, tú prefieres tomarte tu tiempo para grabar. ¿Por qué?
Quiero dar siempre lo mejor de mí y enseñar cosas con las que me sienta realmente orgulloso. No me gusta sacar algo si no estoy convencido del resultado, no le veo sentido. Prefiero ir poco a poco y tomarme el tiempo que haga falta. Soy bastante exigente conmigo mismo y ahora mismo estoy intentando encontrar el equilibrio entre esa autoexigencia y saber valorar lo que ya he conseguido.

¿En qué has estado trabajando ahora?
Mi objetivo es sacar un nuevo vídeo a finales de año. Me gustaría pasar más tiempo en ciudades como París o Nantes, donde hay un montón de sitios increíbles para hacer skate. He hecho muchos viajes con patrocinadores, como el de Australia con Volcom, que fue una auténtica locura, pero siento que no he tenido todo el tiempo que me habría gustado para grabar mis propios proyectos. Ahora mismo tengo muchas ganas de centrarme en eso. Al final, es lo que más disfruto. Si pudiera elegir, me pasaría la vida viajando y haciendo skate.
¿Te imaginas viviendo en algún otro lugar que no sea el suroeste de Francia?
Llegué a plantearme pasar una temporada viviendo en París, porque al final paso bastante tiempo allí, pero es una ciudad muy cara y no tengo claro que fuera a disfrutarla de verdad. Hay muchísima gente y todo va a otro ritmo. Lo que más me gusta del suroeste es precisamente lo contrario: poder coger la bici, bajar a la playa y pasar tiempo con mis amigos. Todo es mucho más tranquilo. Es el lugar perfecto para desconectar. En París, en cambio, me cuesta más encontrar esa calma.
Has viajado varias veces a Estados Unidos. ¿Qué diferencias notas entre hacer skate allí y hacerlo en Europa?
Es muy distinto. En Estados Unidos te pasas media vida en el coche, hay pocos sitios donde calentar antes de empezar y los sitios donde hacer skate no suelen ponértelo precisamente fácil. Aun así, mola mucho hacer skate allí por todo lo que representa para la industria, por la visibilidad que te da y por la experiencia de estar en lugares tan míticos. Pero si me das a elegir, me quedo con Europa. Me encanta hacer skate en París, por ejemplo. Todo es mucho más sencillo: te subes a una bici o al metro y en nada estás en otro sitio. Tienes un montón de opciones muy cerca unas de otras y eso hace que sea mucho más fácil aprovechar el día.
¿Qué y quién te inspira en el skate?
La cosa es que me inspira todo el mundo. Lo que más me flipa es la gente que se lanza a por cosas enormes. Me parece una auténtica locura. Pienso: «¿Pero qué estás haciendo?» y, al mismo tiempo, me entran ganas de hacer lo mismo. Willow es uno de esos casos, igual que Doobie. A veces los veo y pienso: «Madre mía, debes de tener ganas de morir para intentar algo así».
Y fuera del skate, ¿qué te entusiasma?
Todo lo relacionado con el arte me atrae muchísimo: la pintura, el vídeo, la fotografía, la serigrafía... Me encanta rodearme de amigos que tienen esa vena creativa y forman parte de ese mundo. A veces incluso me gustaría tener un poco de ese talento. Y, por supuesto, tampoco podría vivir sin la música. Me acompaña todos los días y está presente en prácticamente todo lo que hago.
Viniendo del suroeste de Francia, tenemos que preguntarlo: ¿también haces surf?
Qué gracia que lo preguntes. Hacía algo de surf cuando era más pequeño, pero hace poco he vuelto a retomarlo. De hecho, estuve surfeando ayer. Me di unas buenas tortas porque las olas no eran precisamente pequeñas, pero me encantó. Fui con un amigo y creo que ha llegado el momento de volver a engancharme. Cuando estás en el agua no piensas en nada más, y eso es una forma increíble de despejar la mente.
¿Cómo es el rollo en el equipo de Vans?
Hay muy buen rollo, mucho colegueo. Al final, se trata de hacer skate y pasarlo bien. El último viaje que hice con los chicos a Alicante fue, sin duda, uno de los mejores de mi vida. La peña era maja, enrollada y con un sentido del humor brutal, pero cuando tocaba hacer skate se lo tomaban muy en serio. Ojalá pudiera seguir viajando y patinando con ellos para siempre.
¿Tus Vans favoritas para hacer skate?
Para mí, las Authentic, sin duda alguna.
¿Qué es lo próximo que te espera?
Seguir haciendo skate, seguir sacando vídeos. Me gustaría tener mi propio sitio y seguir viajando todo lo que pueda. En el fondo, simplemente quiero seguir haciendo lo que hago ahora.
¿Alguna última reflexión? ¿Un mensaje para internet? ¿O quizá para tu yo de hace unos años?
No te exijas tanto. Diles a tus amigos que los quieres. ¡Y no dejes de sonreír!